jueves, 27 de febrero de 2014

Confesión...

¿Matarlo?, claro que tuve ganas de hacerlo, es más me imagine una y otra vez la manera en como lo haría. Siempre preferí la de apretarle el cuello con mis propias manos.
Había días en los que incluso sentía el cosquilleo en mis manos. 
Pero nunca paso de ahí, me lo podía imaginar, y señor créeme era la mejor sensación del mundo.
Imaginaba su mirada pidiendo clemencia, mientras yo apretaba más y más.
Hasta que ya no podía respirar, y veía como el último suspiro de vida se le iba por los ojos.
No niego que me puede tomar por una loca con una imaginación demasiado elevada, pero había días en los que me imaginaba torturándolo, haciendo sentir todo lo que en su tiempo, él hizo sentir a los demás.
Si me pregunta qué era lo que me imaginaba le diría que ni la tortura que la iglesia infligía en la edad media, se podría comparar con lo que me imaginaba.
Pero eso era sólo, una imaginación demasiado elevada.
No llegue hacerlo por muy impulsiva que soy, porque en su día, al buscar consejo para controlar la ira que sentía al saber que ese monstruo,(o como lo quieras llamar) seguía vivo. Una persona a la cual la aprecio y le debo mucho me dijo:
"Tienes una vida por la que luchar y vivir, no la desperdicies por un arrebato de ira".
Y en ese momento me dí cuenta de que era verdad.
Tenía y tengo una vida por la que vivir. Nadie merece que la eche a perder por un arrebato de ira, o de coraje.

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