miércoles, 8 de mayo de 2013

Su mirada.

Y allí estaba ella. Mirando al cielo distante de lo que pasaba en el mundo.
No se daba cuenta de que la estaba mirando.
Que cruel es el destino, sólo me dejo saborearla una vez nada más.
Pero eso no me basto. Me enganche a su piel, a el olor de su pelo.
Me quede embobada mirándole, y no me di cuenta de que por un instante nuestras miradas se encontraron.
Que guapa es cuando se sonroja...
Sus ojos cobran vida cada vez que me mira, puedo ver en ellos la pasión, el miedo, el amor, la soledad...
Miedo ha estar equivocada.
Pasión, de querer que nuestros cuerpos estén unidos una vez más, pero que esa vez no acabe nunca.
Amor por alguien que le demostró que sí estaría ahí.
Y soledad, soledad a verse sola si elije mal.
Y otra vez estamos ahí, haciendo un duelo de miradas.
Me derrumba cuando me mira así.
Pero cuando me acaricia... Cuando lo hace, todas mis defensas se van al suelo.
Y sólo soy un corazón, que se lo entrego a ella, sin pensar en las consecuencias.